La Virgen del Carmen, marca espiritual de Santa Teresa de Ávila

 

La reforma de la Orden Carmelitana de Santa Teresa de Jesús

La Espiritualidad Mariana de la orden Carmelita  
Escrita por la Orden de Carmelitas Descalzos
 

En los orígenes de nuestra devoción mariana

Hay tres palabras claves que sintetizan los orígenes de nuestra relación carismática con la Virgen María:

a. El lugar: una capilla en honor de la Virgen María en el Monte Carmelo

            Todo indica que los ermitaños del Monte Carmelo querían dedicarse por entero al vivir en obsequio de Jesucristo bajo la mirada amorosa de la Virgen Madre, y que Ella presidió el nacimiento de la nueva experiencia eclesial. De aquí el hecho que se la reconozca como Patrona,

b. El nombre: «Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo»

            Así aparece el título de la Orden en algunos documentos pontificios, con una referencia explícita a la Virgen María, como consta por la Bulla de Inocencio IV, Ex parte dilectorum (13-1-1252): «De parte de los amados hijos, los ermitaños hermanos de la Orden de Santa María del Monte Carmelo» (Analecta Ordinis Carmelitarum 2 (1911-1913) p.128). En un documento posterior (20-2-1233) Urbano IV (en la Bula Quoniam, ut ait) hace referencia al «Prior Provincial de la Orden de la Bienaventurada María del Monte Carmelo en Tierra Santa» y añade que en el Monte Carmelo está el lugar de origen de esta Orden donde se va a edificar un nuevo monasterio en honor de Dios y «de la dicha Gloriosa Virgen su Patrona» (Bullarium Carmelitanum I, p.28).
            Este nombre, «Hermanos» que es signo de familiaridad e intimidad con la Virgen, ha sido reconocido por la Iglesia, y será en adelante fuente de espiritualidad cuando los autores carmelitas posteriores hablen del «patronazgo de la Virgen» y de su cualidad de «Hermana» de los Carmelitas.

c. La consagración a la Virgen

El Carmelo profesa con su dedicación total al servicio de Jesucristo como Señor de la Tierra Santa, según el sentido de seguimiento y de servicio que tiene el texto inicial de la Regla en su contexto histórico y geográfico, su total consagración a la Virgen María. Así lo reconoce un antiguo texto legislativo del Capitulo de Montpellier, celebrado en 1287: «Imploramos la intercesión de la gloriosa Virgen María, Madre de Jesús, en cuyo obsequio y honor fue fundada nuestra religión del Monte Carmelo» (Cfr. Actas del Capítulo General de Montpellier, Acta Cap.Gen., Ed. Wessels-Zimmermann, Roma 1912, p.7).

Teresa de Jesús, La Virgen María y el Carmelo

Teresa de Jesús con su vocación de Carmelita ha entrado profundamente en toda la antigua tradición espiritual del Carmelo. En el monasterio de la Encarnación de Avila ha podido impregnarse de toda la rica espiritualidad mariana de la Orden, tal como en el siglo XVI la expresaban la tradición histórica, las leyendas espirituales, la liturgia carmelitana, la devoción popular, la iconografía carmelitana. En sus escritos el nombre de la Orden esta siempre unido al de la Virgen que es Señora, Patrona, Madre de la Orden y de cada uno de sus miembros. Todo es mariano en la Orden, según Santa Teresa: el hábito, la Regla, las casas.
            Como un servicio de renovación de la Orden de nuestra Señora y por impulsos de la Virgen, emprende la tarea de la fundación de San José.

«Fue para mí como estar en una gloria ver poner el Santísimo Sacramento… y hecha una obra que tenía entendido era para servicio del Señor y honra del hábito de su gloriosa Madre» (Vida 36,6). Y añade: «Guardamos la Regla de nuestra Señora del Carmen… Plegaria al Señor sea todo para gloria y alabanza suya, y de la gloriosa Virgen María, cuyo hábito traemos» (Ib. 36, 26.28)

 

«Comenzando a poblarse estos palomarcitos de la Virgen nuestra Señora …» (Ib. 4,5); y subraya: «Son estos principios para renovar la Regla de la Virgen su Madre y Señora y Patrona Nuestra» (Ib. 14,5)

Poco a poco se van haciendo cosas en honra y gloria de esta gloriosa Virgen y su Hijo …» (Ib. 29,23.28).

 

El recuerdo de la Virgen sugiere a Teresa en diversas ocasiones el sentido de la vocación carmelitana inspirada en María.

 Para la carmelita descalza la Virgen es, en la perspectiva teresiana, modelo de adhesión a Cristo, de vivencia contemplativa de su misterio y de servicio eclesial; para cada monasterio, la Virgen es la Madre que con su presencia acrecienta el sentido de intimidad y de familia, alienta en el camino de la vida espiritual, preside la oración como ferviente intercesora ante su Hijo.

 

La espiritualidad mariana en el Carmelo teresiano

 «Santa Teresa y San Juan de la Cruz, han reafirmado y renovado la piedad mariana del Carmelo».